17 de enero de 2010

Descripción del estado de la Iglesia en los años 30

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Extraemos del libro “Monda en el Recuerdo” la descripción del estado de la Iglesia de Santiago Apóstol antes de la destrucción de todo el patrimonio el fatídico 23 de Julio de 1936.
"Para que se perpetúe en la memoria, describimos a continuación el estado de nuestro templo en los años treinta.
Comencemos por la capilla mayor. Toda ella era un retablo grandioso. En el centro aparecía una talla del Corazón de Jesús con manto rojo, flanqueada a su izquierda por la imagen de San Roque (de unos 70 cm, con el sombrero atrás)y a su derecha por la de San Antonio Abad, de la misma altura que el San Roque. Sobre él, una imponente talla ecuestre de Santiago Apóstol, sobresaliendo en el conjunto de todo el retablo el caballo, en cuya panza, según contaba doña Francisca Pérez Puerto, se hallaba escrita la historia de Monda. De este conjunto escultórico partía una viga que le servía de contrapeso y que, atravesando el muro, aparecía a la espalda de éste, ya dando al patio. Más arriba del Santiago había una figura de Santa Ana. Bajando la vista, se podía encontrar una Inmaculada (de medio metro de altura) en actitud orante debajo del Corazón de Jesús, separada de éste por una repisa en la cual, sobre un bellísimo paño bordado de flores, se ponía la custodia en la novena del Corazón de Jesús. El altar mayor, por último, era adosado a la pared (el actual pasillo no existía) y no tenía manifestador, como sí lo tiene el de ahora. Por cierto que detrás de este sagrario nuevo hay una lápida dándonos la fecha de su construcción: "Inaugurado el día de Santiago Apóstol. Año 1959". Terminemos la descripción de la capilla mayor anotando que en ella se encontraba el único nicho alumbrado con luz eléctrica, que no era otro sino el del Corazón de Jesús, que contaba con tres pares de tulipas.
Siguiendo un orden, pasemos a describir la nave derecha o de la epístola. Nos encontrábamos en primer lugar con la capilla de la Virgen del Rosario. Hoy día se conserva la valiosa bóveda de yesería, así como los marcos que encuadran pinturas de doña María Jesús Morito Pérez y que antes orlaban sendos lienzos uno de los cuales mostraba un San Juan. Era arreglada, con su correspondiente retablo, por doña Rosa Barrientos Ortiz, y en ella se leía: "A la devoción de don Juan de Cózar". No sabemos si el escudo recientemente aparecido en el frontal de dicha capilla corresponde a la casa de los Cózar.
Donde actualmente se encuentra el nicho de San Francisco, hallábase una talla del mismo santo, más grande que la actual figura, con túnica gris y cordones blancos, tras un cristal de protección y en el centro de un retablo gris con dorados. Probablemente fuese adornado por doña Isabel Lomeña. En una repisa de este retablo, a la izquierda, se veía un San Sebastián; en otra repisa a la derecha, una imagen de San Pedro.
En el altar que ahora es del Cristo, lo más valioso que, artísticamente hablando, encerraba nuestro templo: el lienzo de las Ánimas, del que hacían mención en una de sus estrofas los celadores:
Al entrar en la iglesia repara a mano derecha con grande humildad, y verás a la Virgen del Carmen
sacando a las almas de cautividad.
Atribuido según tradición popular a la escuela del Greco, debía de ser impresionante por las referencias que tenemos. Enmarcado en un retablo en el que, a la izquierda, se encontraba un San Miguel, y a la derecha la figura de San Rafael. En todo lo alto, otra imagen.

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Como ahora encontramos la puerta de la “escalerilla”, así entonces se hallaba, pero no con la escalera sino con el llamado “parapeto”, consistente en dos rampas, menos inclinada la que conducía a la plaza, el cual, junto con el muro que lo delimitaba, comenzó a ser derribado con ocasión de haber necesidad de que por la calle pasasen grandes maquinarias para el transporte del mármol procedente de la industria de don Modesto Escobar.
El nicho en que vemos al Cristo de Azotes y Columna era ocupado por un Cristo crucificado, articulado, más pequeño que el actual y con el que representaban el descendimiento, también con cristal protector. El cuerpo lo desclavaban en cuaresma y lo ponían encima de las cajoneras de la sacristía. Era cuidado por doña Ana Pérez. No tenía retablo ya que el altar era el mismo que se conserva. Naturalmente, no contenía el Niño Jesús de Praga, adquisición posterior a los años que comentamos.
El campanario no ha variado mucho hasta las actuales obras. La escalera era la misma y había, aparte de la del reloj (el cual era diferente del que ahora tiene, que es de “Manufacturas Blasco de relojes públicos", tres campanas, aunque una de ellas era en realidad un campanil. Por cierto que las actuales campanas tienen fecha de 1950 y 1971 aunque ésta última corresponde a una refundición. Las inscripciones que pueden verse en ellas son las siguientes:
En la campana que da al paseo de la Villa: "Nuestra Señora de Fátima. 1950. Donada por el obispado y Parroquia de San Pablo siendo ecónomo D. Florencio Benavides (sic). Fundición Antonio Linares. Torredonjimeno".
En la de la plaza: “Santiago el Mayor. Siendo ecónomo D. Florencio Benavides. Año 1971. César de Miguel Martín, fundidores de campanas. Villanueva de la Serena (Badajoz)".
En la orientada al barrio de la Paja: “Lucero del Alba. Siendo ecónomo D. Florencio Benavides. César de Miguel Martín, fundidores de campanas. Villa-nueva de la Serena (Badajoz)".
El coro era tal como lo conocimos en 1995, aunque era llamado “coro alto” porque había otro "bajo", en el suelo, que arrancaba de unos maderos que pendían de la baranda de aquél. Contaba el alto, casi en su centro, con un órgano que para los años que describimos ya era inservible; sus tubos, de metal gris, estaban adosados a la pared trasera y el instrumentista debía sentarse de espalda al altar mayor. Posteriormente trajo el párroco don Elías un armónium que en aquel tiempo era tocado por el sacristán, don José Santana.
El coro bajo, de forma cuadrada, estaba sobre una tarima y en su parte delantera. y laterales lo cerraban unas barandas de madera cuyos restos podemos contemplar hoy día en las capillas de Jesús y de la Virgen. Sus asientos eran, al menos en parte, los que hemos conocido en el actual coro. Este coro bajo fue retirado, allá por 1945, para que los nuevos tronos adquiridos por la Hermandad, más voluminosos que los anteriores, tuvieran fácil acceso a la plaza.
Pasando al baptisterio, ya en la nave del evangelio, se encontraba en él la misma pila que conocemos en la actualidad. A la izquierda y en alto, donde ahora está la representación del bautismo de Jesús, podía contemplarse el Cristo Yacente, en una artística urna, al igual que la cruz de procesionar del Nazareno, en una caja hecha ex-profeso.
En el lugar del Resucitado, altar cuya estructura ha permanecido inalterada, estaba la Virgen de los Dolores, cubierta con traje azul y protegida por un cristal. Dicha imagen fue traída de la ermita, y era cuidada por la señora Perales, a quien sucedieron en el tiempo doña Rosa Barrientos Villalobos y doña Eduvigis Moré Barrientos. Aún puede verse la placa de donación del altar: “Costeada por Dª. Francisca Perales el 24 de Julio de 1877”.
A su derecha, en vez de San Roque existía un retablo de color hueso y dorado de San José, también protegido por cristal, cuya camarera era doña María Macías García, siendo coronado por un nicho con la imagen de la Divina Pastora.
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Pasada la puerta del patio hallábase un retablo adosado a la pared (sin nicho) correspondiente a San Antonio de Padua, en colores blanco y dorado con calados.
A continuación, donde hoy veneramos a San Antonio, podía verse el magnífico retablo con columnas salomónicas y rematado en una estrella, del Cristo de Azotes y Columna, talla que fue igualmente traída de la ermita. Aquel retablo, dorado y rosa, junto con crucifijo y candelabros de plata fue costeado por antepasados de doña Remedios Carrasco Lorente y era cuidado por doña Paula Moreno Ortiz y don Juan Lorente.
Finalmente, la capilla de Jesús sólo ha cambiado en que antes contaba con retablo y cristal protector. Allí se encontraba la talla, probablemente del siglo XVII, de Nuestro Padre Jesús Nazareno, centro de devoción de muchos mondeños. Al pie de su altar había un Niño de Dios, de 60 cm de altura, vestido con túnica blanca; según parece lo pasaban por las casas en Pascua de Resurrección.
Siguiendo con el recorrido por la iglesia podía contemplarse, en la columna central cercana a la puerta del patio y dando a la nave mayor, el lienzo del Cristo de la Caña o “Señor de la Malagueña". Cuidado por doña Sofía Sánchez, estaba en un retablo que sobresalía. del pilar y en él aparecía la inscripción “Hecho a devoción del Presbítero don Félix Liñán de Haro". Se cuenta que el original fue vendido por cierto sacerdote reemplazándolo por una copia.
El púlpito, situado donde esta el que conocemos (que es obra de don José Sánchez), era, como éste, de madera.
Las estaciones del vía crucis eran representadas por cruces de madera oscura: tres en la estación del Calvario y una por cada restante.
La solería, que más antiguamente era de ladrillos de barro rectangulares, fue cambiada por una de mármol en 1928.
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De todos es sabido que los bancos que ahora dispone la iglesia, junto con el cancel, son de adquisición relativamente reciente. Fueron construidos con madera procedente de castaños de la Mojeda y eucalipto de Gaimón, donados por particulares. En los años que comentamos, los mismos fieles llevaban sus propios asientos y reclinatorios, e incluso ciertas familias tenían en el templo algunos de su propiedad. Al público en general estaban disponibles largos bancos (tres se conservan aún) que eran situados a lo largo, entre pilar y pilar.
Añadimos ahora algunas curiosidades de aquella época.
Por ejemplo, a muchos de nuestros paisanos les sorprenderá saber que existía en Monda la Orden Tercera de Franciscanos, constituida por seglares, siendo muchos sus asociados. Al igual que otros desconocerán que la hermandad de San Antón tenía la costumbre de comprar un “cochinillo de San Antón" que era soltado en la calle y cebado por los vecinos: allí donde se paraba era alimentado con las sobras de la comida del vecino en cuestión, para después ser subastado y así sufragar parte de los gastos de la hermandad.
Otro detalle poco conocido era el relativo a ciertos bautizos. En los “de primera” arreglaban la pila bautismal con colgaduras, de modo que cuando se anunciaba uno de ellos se decía: “Esta noche hay pila colgá”, porque además, como todo, se hacían por la noche.
Por último, comentemos que en personas que lo vieron causó honda impresión el trono que, con el dinero que varias jóvenes reunieron pidiendo por las casas, fue adquirido para la pequeña Inmaculada. Cuadrado y de estilo gótico, fue utilizado para el “mes de mayo” y para la novena, así como para procesionar la custodia en el día del Corpus Christi.
Y pasan los años… Nuestra iglesia sigue contemplando generaciones de mondeños que, unas veces retomando tradiciones ancestrales, como nuestra Semana Santa, y otras promoviendo nuevas inquietudes, que tuvieron su punto álgido en la inauguración aquel agosto de 1965 de la Adoración Nocturna en Monda, siguieron dando vida al espíritu del pueblo.
Y estas generaciones siguieron cuidando de nuestro templo. Así, son adquiridas nuevas imágenes por la Hermandad, por el párroco y por el pueblo en general… Incluso, cuando es preciso, se apiñan todos a una para recaudar fondos con que hacer frente a cuantiosos gastos. (Tema que intentarimos tratar en otra ocasión).
Esperamos que nuestra iglesia, una de las más antiguas y artísticas de la provincia, siga en su línea, que no es otra que incentivar todo lo que de bueno hay en el espíritu humano. Y más aún del mondeño. Y que éste tambien continúe fiel a lo mamado de sus antepasados, cuidándola y embelleciéndola, protegiéndola y amándola. "

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