17 de abril de 2009

El Calvario


Se trata de la última estación del Vía Crucis de la Semana Santa mondeña; tiene lugar el Jueves Santo, por la noche, donde los tronos de Cristo Crucificado y de la Virgen María son llevados a este lugar alumbrados por la luz de las velas y acompañados por rezos y cantos procesionales.

Está situado a unos 150 m. de la Villa en calle Málaga que conduce a Coín, al final del camino a la derecha ligeramente elevado que culmina en la era de su nombre: El Calvario.

Toda su fábrica es de una externada sobriedad decorativa y su estilo constructivo de una discreta relevancia; es un ejemplo de la arquitectura malagueña dieciochesca de ladrillo encalado que aún se conserva intacta, aunque sus planos exteriores vayan denotando la patina del tiempo con nutridas erosiones que no han llegado a minar su fisonomía ni a disminuir su belleza. Este calvario viene a ser el exponente de un Vía Crucis monumental con remate en cruces de hierro forjado siendo el capitel del centro más elevado como mayor es también su cruz.

En su parte central y dando frente a la era que corona el monte existe una hornacina orlada de columnas dóricas y cornisamento que tiene en su interior una peana sobre la que en tiempos pasados reposaría alguna imagen. Su estructura global es de una elemental sencillez en la gracia eminente de su desnuda blancura.
A sus pies la meseta circular toda ella empedrada con tonos blancos y azules sirve de era donde el candeal de la Vega se trilla y limpia el amparo de los bonacibles vientos.

Dice la tradición que allá por la década de 1.770-1.780, existía en Monda D. Juan de Cózar Gallo y Tordesilla, de familia mondeña muy representativa e influyente, pues bien, D. Juan de Cózar, fomentó la devoción a la Pasión y a la Santa Cruz de Monda y se supone que por un miembro de la familia Cózar que visitó los Santos Lugares, tomaría planos y apuntes y realizaron la idea de levantar el Calvario y las Cruces vigías del entorno.

El Calvario, aparte del simbolismo que en sí representa, es para el mondeño un lugar de privilegio para el esparcimiento. Lo mismo es punto apropiado para el plácido paseo en donde siguiendo la tradición por Pascua florida la juventud solía tomar el hornazo, que, en tiempos de trilla, en su era, el gazpacho a medio día y la olla al atardecer.

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